LA COMUNITAT A L’ ESPANYA PLURAL

L’ aprovació de la proposició de llei del Estatut Valencià per part d’una majoria molt ampla de les Corts Valencianes ha estat un punt de partida i d’inflexió en les ambicions autonòmiques del poble valencià.

L’èxit de l’autonomia i de l’Estatut del 82 –malgrat les insuficiències i també moltes crítiques superficials- ha aconseguit una millora real del pais, un avanç en el desenvolupament econòmic, en l’aument de les infraestructures, en la recuperació lingüística i cultural, en tot el que ha significat treure energies latents d’una societat que abans no tenia un marc institucional propi.

És ben cert que en la transició i en el mateix moment de l’aprovació de l’Estatut foren molts el que desconfiaren de l’autonomia i més el que profetitzaren tota mena de desgràcies per a Espanya i per a l’estat de les autonomies que naixia. Curiositats de la vida: aquells que ara abraçen amb més força la inmovilitat del actual model són els que aleshores eren els més reticents. Eixa és, sense dubte, una de les conseqüències més positives en la creació d’un major consens polític i social a favor del autogovern.

L’acord en les regles de joc de la convivència en una societat democràtica avançada, l’establiment de lligams profuns de país per damunt de visions partidàries és un valor clau d’estabilitat com condició bàsica del progrés de la societat.

El Estatut aprovat obri noves expectatives competencials i garantix nous drets als ciutadans. Es tracta d’un estatut social amb un contingut que pensa en els ciutadans com centre de la mirada col·lectiva al temps que reforça tots els instruments per aprofondir en la valencianització i l’autogovern.

El paper dels ajuntaments com garants finals del principi de subsidiaretat determina un horitzó de major capcitat económica i també política a través de l’ impuls estatutari que mandata un desplegament legislatiu per posar a la pràctica els principis municipalistes tantes vegades proclamats com oblidats en la concreció. A l’igual que es reafirma l’obligació del govern valencià de garantir la superació dels desequilibris territorial i la cohesió social.

Este nou d’octubre és, per tant, especial. El compromís d’avançar no pot fer-nos oblidar que dependrà de la voluntat de les majories parlamentàries anar més avant o aturar-se només en un desplegament propagandístic.

El curs de les reformes territorials no potser l’agenda exclusiva però tampoc pot produir-se una onada de nacionalismes centralistes o perifèrics que envoltant-se amb la bandera –cada ú en la seua- produeixquen un debat absent de rigor i amb molt més sentiment que pació per la veritat i per l’entesa.

L’Espanya plural és la Espanya possible. Passa com amb l’eclipse, des de cada indret es veu d’ una manera. Si volem que l’arquitectura institucional construida no sofreixca una aluminosis prematura caldrà abandonar els discursos de l’única veritat i pensar amb les raons dels altres parlen com parlen o vegen com vegen el sol que a tots ens escalfa.

Això o el principi d’un temps de greu incertesa.

Tiempo de urgencias, hora de urgencias

Pacto, liderazgo y urgencia.

Urgencia, liderazgo y compromiso.

Este país da la sensación en muchas ocasiones de construirse al revés. Así, mientras en los últimos años se han invertido cantidades ingentes de recursos en proyectos faraónicos de dudosa rentabilidad pública, cuestiones básicas para garantizar la calidad de vida de los ciudadanos y el propio desarrollo socioeconómico del país, quedan aparcadas o enredadas en un marasmo de complicaciones políticas o burocráticas.

El caso de las basuras es uno de los más sintomáticos de este proceder. Después de más de 10 años de gobiernos conservadores, tras distintos planes de residuos aún no hay atisbo de solución definitiva y, por tanto, sostenible a un problema que hipoteca nuestro futuro. Si la demagogia nunca es buena consejera, en esta cuestión es una grave irresponsabilidad de quienes huyen vendiendo humo o se refugian sin comprometerse. El reto exige, en mi opinión, al menos tres condiciones: el pacto, un liderazgo sustentado en la prioridad y la consecuente disponibilidad financiera.

El consenso es absolutamente necesario para lograr en todo el territorio la suficiente estabilidad y evitar la guerra de la basura que surge por doquier cuando se plantea la instalación de una planta en un municipio. Los acuerdos han de estar cimentados en el diálogo territorial y las tecnologías que aseguren la vía más ecológica, la opción más responsable con el medio ambiente a las que tengamos acceso.

Pero sobre todo hay que tener la convicción de la prioridad política del problema. Y durante diez años se ha estado dando tumbos cuando no la espalda entre las distintas administraciones dirigidas por el PP sin capacidad ni eficacia ni recursos para solventar el destino cotidiano de millones de toneladas que kilo a kilo cada uno de nosotros vamos produciendo. La solución era para ayer. Pasado mañana será demasiado tarde.

La sombra alargada del 11-M

Un año. Una eternidad. Un inapreciable momento. Los últimos días hemos vuelto a sentir el impacto del aniversario como la pesada losa de la memoria hipotecada. No hay dudas ni pesadilla de la que despertarse, el peso inapelable del tiempo no hace sino certificar la destroza de miles de personas invadidas por las ausencias.

Tras 365 días, aún estamos en el día cero de la vuelta a empezar entendida como un despegue espiritual capaz de levantar un vuelo moral donde los principios no sean instrumentos coyunturales de usar y tirar según conveniencia.

La enorme magnitud de la criminalidad, la gestión nefasta de la crisis, las consecuencias políticas han marcado la senda de este tiempo con terminales en los centros neurálgicos de la vida.

Primero, el dolor. El dolor no tiene color ni raza, ni religión, ni ideología. Las huellas del inmenso sufrimiento aparecen por doquier pero sobre todo en las bolsas, en el interior más profundo de los ojos, de hijos, de padres, de hermanos, de amigos, del desconsuelo. El discurso sobre las víctimas no se corresponde en demasiadas ocasiones con la inevitable realidad de los hechos. Las respuestas deben contestarse con la prontitud de la invocada prioridad y alejarse de ese despotismo que reza todo por las víctimas pero sin las víctimas. Les han robado todo pero su recuerdo nunca será el horror porque ésa sería la victoria final de la última versión del fanatismo totalitario.

También, la solidaridad. La sociedad golpeada rescata lo mejor de nosotros mismos, las ambiciones de humanidad que en los anclajes finales de nuestra primera estructura podemos reencontrar, incluso bañar de ternura. Parias del mundo unidos sin más bandera que la dignidad en un tren de lenguas diversas con un idioma único que al atardecer todos comprendemos. Todos fuimos Madrid y lo hemos vuelto a ser, y lo somos si no olvidamos nuestro común nombre de humanos.

Por supuesto, la verdad. Las melodías diversas nunca pueden justificar la mentira, la ocultación, la incautación de la emoción. Enquistarse cada uno en trincheras infranqueables lo único que consigue es lo peor de la historia que se empeña en repetirse.

Censura o perplejidad

Estos últimos días no puedo dejar de pensar en la distancia que al parecer existe entre nosotros. ¿No será al final verdad como defiende la derecha valenciana que catalanes y valencianos vivimos en hemisferios diferentes?. No, no me refiero a ninguna disquisición lingüística tan socorrida por esos patriotas valencianos que de tanto defenderla han dejado de usar nuestra lengua y sólo la usan contra el imperialismo catalán. En este caso se trata más bien de constatar que une más el cemento que el acento.

Aquí en el parlamento valenciano ha sido recurrente pedir al expresidente Zaplana y al actual presidente Camps explicación sobre quien está detrás de la cuenta secreta -------- residenciada en el paraíso fiscal de las Islas Caimán o la relación extraña entre los sobrecostes de unas obras de la empresa pública CIEGSA y el magnífico piso valorado en más de 500 millones de las antiguas pesetas que ostenta el citado expresident en la Castellana madrileña, o el contrato oculto con el cantante Iglesias que se firmó por 300 y se pagaron 1000. Todo dicho en sede parlamentaria. No ha habido ni querellas, ni intervención de fiscal alguno, ni comisión de investigación, por supuesto.

Ahora bien, la distancia en las responsabilidades políticas no es hemisférica sino sideral. Aquí a dos horas de Euromed – el AVE mediterráneo no es prioritario – un presidente de la diputación del PP está imputado por delitos contra la administración junto a otros 6 altos cargos de los gobiernos conservadores y estos días un empresario ha ratificado ante la juez la rapidez con que avanzaban las autorizaciones en los vericuetos burocráticos tras los once millones entregados en una vulgar bolsa de plástico para el señor conseguidor. Ni la más mínima explicación, ni dimisiones, ni –bendita ingenuidad- atisbo de comisión de investigación.

La doctrina Piqué tan, digamos estricta e inmediata, con los partidos ajenos no se corresponde demasiado con la defensa cerrada del PP al señor Fabra de cuya actuación no hay sólo rumores extendidos, hay certezas patrimoniales y usos inadecuados del poder legítimo. Un político sobrevenidamente adalid de los mejores principios no sé cómo puede vivir en esa tribulación en el seno de un partido que ha hecho de la doble moral el ejercicio cotidiano de su acción política.

Nosotros los valencianos progresistas que vivimos el azote al tripartito como nuestro pan de cada día parlamentario no podemos sino mostrar en silencio respetuoso una enorme perplejidad. ¿No era el PP el partido nacional-nacional, el partido del discurso único sin dobleces ni matizaciones territoriales?

PALABRAS PARA VIVIR

A vosotros que amabais esta vida y esta tierra.

Si hoy resulta difícil escribir, estas horas aún resulta más difícil vivir para los familiares y amigos más directos de las dieciocho personas fallecidas el domingo en Sant Cristòfol. Es paradójico que uno de nuestros paisajes más bellos, más abiertamente solemne, haya dado la vuelta al mundo por la peor tragedia que podamos recordar entre nosotros.

Cada catástrofe humana tiene su propio recorrido y tras el impacto general deviene la verdad de los rostros, nombres y apellidos que superan la traza de la tinta en los periódicos. Nuestros ojos en sus ojos penetran en un mundo propio y cómplice de tantas caras de una vida truncada con sus centenares de redes que ahora se tejen desde el dolor y unen en un territorio diverso la geografía del sentimiento.

Y al paso, emergen las ausencias por doquier. Primero en los alrededores del corazón más próximo, padres e hijos, hermanos perdidos en la derrota de la vida. Y al lado, los compañeros del alma que en el transcurso de la vida cada uno va incorporando desde la libre adhesión y se convierten en árboles de un bosque creado a tu siempre imperfecta medida. Y más allá, también estamos todos. Una comarca, un pueblo, un país sumergido en el silencio, atrapado en los brazos gigantes de la depresión, sometido a la ley incorregible del destino.

Aquí el invierno es largo. Y tan ancho que a veces le come semanas, meses enteros a la deseada primavera. Tenía que ser en invierno cuando esta tierra vive escondida entre las piedras su autenticidad a las hogueras del solsticio, en el sueño imposible de ahuyentar los malos espíritus.

El tiempo de dolor mantiene su dura cadencia y el consuelo parece la más lejana utopía. Sin embargo, por ellos, por la vida inmensa que había aquella mañana en la sala del albergue –un espacio tan trabajado por los jóvenes de La Todolella que en la década de los 90 reconstruyeron legajos vivos de la memoria-, por ellos, por la alegría que da tener amigos, manos entre manos. Por ellos, debemos levantar la mirada.

No hay fronteras ni para el cariño ni para la tristeza, ni para llorar ni para reír, ni para soñar. La primera identidad de todos era la amistad, el regalo más preciado en mundos individualizados donde hay quien argumenta que sólo – en la unicidad – la vida es posible. Juntos y con la música de Ppyote hay esperanza.

De las experiencias más duras también caben aprendizajes. La solidaridad en los distintos pueblos, dentro y fuera, de instituciones y de todo tipo de entidades da noticia de un espíritu que anida en hombres y mujeres demasiadas veces recóndito, pero que ahora, por fin, sobrevoló entre nosotros. Es el milagro de la reconciliación con ese ser humano sólo y soberbio que tantas tardes sacamos a pasear.

También las dudas sobre el ejercicio del derecho a la información y su relación con otros preceptos constitucionales como el derecho a la intimidad. Participamos de un universo donde las buenas noticias no son noticia y los augurios de aquella cándida película primera plana que denunciaba el sensacionalismo, han sido superados de largo por el acontecer diario de demasiados medios. Como casi siempre la realidad supera a la ficción.

La desgracia nos ha puesto ante el espejo. Somos hijos de una tierra dura, tantas veces áspera como cálida de afectos, somos pocos pero más de los que seríamos si nos hubiéramos dejado caer por la escalera de la inercia de una desaparición anunciada. No estamos solos, aunque muchas noches de invierno lo sintamos en lo más adentro del alma. Existimos, tenemos voluntad de ser y desde el recuerdo -gracias al recuerdo- hemos levantado la vista y miramos hacia delante.

De este autobús a veces destartalado y viejo, no se baja nadie. Gracias por haber creído en esta tierra.

El retorno al sentido común y a la dignidad

La decisión positiva del grupo de expertos sobre la devolución de los mal denominados papeles de Salamanca supone ante todo un respiro para la convivencia y el sentido común.

La recuperación de la memoria histórica debe llevar aparejado el restablecimiento en lo posible –poco desgraciadamente- de la dignidad de los derrotados, de los vejados por la dictadura. No se trata de mirar atrás con ira, ni tan siquiera pedir responsabilidades por tanto olvido, todo eso forma parte de las decisiones de una transición que sólo quiso mirar hacia el futuro. Pero ahora sí va siendo el momento de poner en la historia de cada uno y de todos, las cosas en su sitio.

Cuando se habla del Archivo de Salamanca y de su supuesta unidad como un hecho cultural indiscutible, la realidad nos descubre que el citado contenedor está formado por los miles de documentos sustraídos en nuestros pueblos y ciudades a sus legítimos propietarios para una campaña enorme de represión con consecuencias terribles.

Allí ha permanecido amontonada en legajos parte de la documentación sustraída y almacenada en primera instancia en sendos locales de Vinaròs y Castelló por la DERD, el instituto parapolicial del aparato franquista para la limpieza ideológica. Otra parte, más importante incluso desde del punto de vista archivístico pero que no podía ser aprovechada para la investigación criminal, acabó convertida en pasta de papel en tiempos de escasez y rapiña.

Allí se encuentran las plasmaciones escritas de los ateneos republicanos de Castellón y las actas de las agrupaciones de UGT de L´Alcora y Onda y las fotografías hurtadas de una esperanza truncada. Y miles de papeles que nacieron en esta tierra para construir un sueño.

La legítima petición de la Generalitat de Catalunya y de la sociedad catalana de la documentación de la institución autonómica, ha derivado en un conflicto demagógico propiciado por algunas autoridades de Castilla-León que se han instalado en el discurso nacionalista e, incluso, por momentos nacional. Y con tanto ruido se ha nublado la propia esencia de la discusión y el alcance que va mucho más lejos de la reclamación catalana.

Los papeles valencianos almacenados en Salamanca procedentes del expolio hablan de las cooperativas, de los ateneos, de las organizaciones anarquistas, de los partidos republicanos y de comunicaciones estrictamente privadas requisadas para acechar a personas que verían como por estar registrado en una de esas múltiples fichas, su vida quedaba en manos de los dueños de la posguerra.

Las Cortes valencianas aprobaron por unanimidad la devolución. Sin embargo, días después el presidente Camps desconociendo la más elemental de las reglas democráticas, afirmó que no iba a cumplir la petición del parlamento.

¿Alguien de una manera decente puede defender el derecho de conquista una vez restablecida la democracia?

La derecha ha tardado más de 60 años en condenar con la boca pequeña el golpe de estado del 18 de julio y ahora, de una manera incomprensible, se niega a cerrar las heridas profundas de tanta desesperanza.

Los documentos deben volver a sus legítimos propietarios y a los legítimos herederos de ambiciones colectivas. Y recuperar juntos la memoria histórica para jamás recaer en los mismos errores.

El arquitecto del lápiz

A medianoche el teléfono suele helar el alma. Suena fuerte, suena amenazante en el silencio hasta que te acercas y lo coges, frío entre las manos, y la voz –y el pálpito-de Teudo te anuncia el adiós del amigo.

Sucede en segundos eternos, a la vista de un golpe de flash de sensaciones y recuerdos. Después vienen las preguntas filosóficas y la búsqueda incesante del hombre por encontrar respuesta.

Como esto no es una necrológica sino un sentimiento, no procede más currículo que las voces lejanas de noches de tertulia o compromisos de la arquitectura imaginada.

Miguel dibujaba como Dios, con perdón. Alguna vez me enseñó en Morella su cuaderno tras una visita por el acueducto o por los pequeños rincones para casi todos inadvertidos - no para él - y te sumergía en las raíces de las piedras que la perseverancia y el arte levantaron de la nada.

El arquitecto del lápiz que elevó a los altares la más profana, la más humilde y sudorosamente trabajada arquitectura de la piedra. Nos enseñó a mirar los bancales, las casetas de pastor, nos encandiló con su reivindicación sabia del paisaje de una tierra que devino la mejor cara de nuestro espíritu. No menospreciaba las piezas más grandiosas pero sólo una sensibilidad extraordinaria puede hacerte regocijar con la supuesta simplicidad de lo obvio. Emocionarse con una pared de pedra en sec es un estadio diferente de belleza, de una hermosura conceptual sencillamente enorme.

Nunca le agradeceremos suficientemente su mirada.

Como el editorial de cada semana en la página tres de El dissabte. No, efectivamente, no era un chiste al uso, era la visión profunda de un tiempo con tantas luces y sombras como las que cada uno debemos soportarnos. Era la reivindicación de los diferentes grises en un tiempo de sublimación de blancos y negros. Coincidía con Máximo y también con Fibla en esta misma revista, en esa expresión actual del lenguaje dibujado que no sólo habla sino exige reflexión pausada.

La extrema urgencia de la vida nubla nuevas noches de palabras y desnuda el penúltimo dibujo del acueducto que algún día será BIC dedicado a tu memoria.

Estos días de un otoño intenso las hojas caen de los árboles como las preguntas a la espera de una respuesta que no llega. Es verdad, Miguel dibujaba como Dios.