EL VALOR DE LA CONVIVENCIA

Esta semana el Senado aprobará definitivamente la reforma del Estatuto valenciano producto del consenso entre el PP y el partido socialista. Resulta esperanzador en tiempo de profundos desencuentros un acuerdo para desarrollar y profundizar el autogobierno de los valencianos. Lo mejor del estatuto es la voluntad de convivencia sin exclusiones, la culminación de la equiparación como nacionalidad histórica y la apuesta social.

En su paso por el Congreso de los Diputados el PSPV consiguió sacar del texto la barrera de acceso a las Cortes que queda sujeta a la ley electoral que necesariamente deberá ser pactada en los próximos meses.

En términos democráticos, sin duda, sería deseable que las Cortes reflejaran toda la pluralidad que existe en este país y no se dejara sin representación a más de 100.000 valencianos. No se puede entender la cerrazón del partido popular en esta cuestión más allá de una apreciación sólo anclada en intereses partidistas y también en la concepción actual de la dirección nacional de los conservadores que confían sólo y exclusivamente en mayorías absolutas para gobernar.

La pluralidad es un valor inalienable de la vida democrática. No es ni un mal necesario ni un freno a la eficacia. Sociedades complejas exigen respuestas que atiendan la complejidad y los parlamentos representativos aumentan su calidad siendo un espejo más fiel de la realidad.

El partido socialista ha planteado en todo momento del proceso negociador esta cuestión pero la mayoría absoluta del PP en esta Comunitat lo ha impedido. Sería muy deseable una rectificación del PP en la ley electoral pero no caben demasiados datos que avalen este cambio racional y positivo para la ciudadanía.

En cualquier caso, este déficit no puede significar una descalificación global del nuevo estatuto que aporta más autogobierno para los valencianos y más capacidad para mejorar esta sociedad.

Sin embargo, el desarrollo del estatuto dependerá de quien gobierne y, por tanto, de quien marque las prioridades. Ésa es la regla de cualquier norma constitucional que ha de garantizar la alternancia y debe permitir distintas visiones en un mismo espacio institucional.

En mi opinión sólo un gobierno progresista de la Generalitat exprimirá todas las capacidades de autogobierno y sobre todo pondrá en marcha la ambiciosa agenda social del estatuto.

La oposición aquí ha demostrado que es capaz de poner por delante los intereses generales de los valencianos en detrimento de una posición exclusivamente partidaria. Precisamente una actitud diametralmente opuesta a la que mantiene la oposición en el parlamento español regocijada en la trinchera de la descalificación y reacia a cualquier acuerdo beneficioso para España.

La máxima expresión de ese guión, la interpreta el diputado por Valencia Martínez Pujalte, un señor que expone su amplio recetario de insultos cada sesión plenaria y que esta semana superándose a sí mismo interrumpió al presidente de gobierno mandándole a acompañar a su abuelo.

El abuelo del presidente fue un militar de la República española asesinado en aquellos terribles y desgraciados días.

Produce vergüenza y tristeza esa representación popular de Valencia.

El valor de la convivencia, a pesar del diputado Martínez Pujalte, debe presidir nuestra hoja de ruta y las cesiones en su nombre son síntoma de fortaleza. La debilidad es el insulto.

Opinión en Onda Cero

Hay semanas que uno se levanta entre dudas y certezas, sumido en la pulsión siempre viva entre la esperanza y la desesperanza, añorando un debate más sosegado, menos demagógico, más inteligente.

Me sume en la perplejidad que un país situado en estos momentos en unos niveles de crecimiento envidiables, con las mejores cifras de empleo de décadas, se detenga en un exceso de radicalidad tan lejana a la vida cotidiana de esta sociedad moderna, democrática y tranquila.

Más allá de los errores o aciertos del gobierno, la oposición que está desarrollando el PP desde el inicio de la legislatura ha generalizado un escenario de lucha sin cuartel. No hay el más mínimo espacio de oxígeno para el consenso en ningún estadio ni siquiera en aquellas cuestiones de estado que merecerían más de una pensada antes de lanzarse a la lucha final. Si la supuesta ruptura de la familia llevó a los obispos a la calles del brazo de la derecha política, la cuestión territorial entorno al estatuto catalán y el desencuentro antiterrorista han elevado la temperatura de la crispación mucho más allá de lo razonable.

El azuzamiento de las bajas pasiones anticatalanistas encuentra, sin duda, grandes adhesiones en regiones determinadas y también respuestas en sectores nacionalistas catalanes. Las políticas del segundo mandato de Aznar y la estrategia del partido de Rajoy hoy, están llevando en andas al independentismo catalán. Nadie nunca les dio tanta notoriedad, nadie les propinó más argumentos. Algún día, más pronto que tarde, algún nuevo dirigente de los conservadores dará cuenta del grave error que significa despertar los viejos demonios y satanizar urbi et orbe a los discrepantes del pensamiento único.

Pero la gota que ha colmado el vaso, han sido las insidias sobre la actitud del presidente del gobierno en la superación del fenómeno terrorista.

Estos días pasados recordaba la vigencia del discurso opositor de Aznar en los años 90 cuando le espetó sin desdibujar su eterno gris rictus, al entonces ministro Corcuera que no había ningún tema de excepción en la labor opositora. “Cuando digo que todo es objeto de oposición, digo todo”. Suenan tan actuales las palabras de Aznar que nadie diría que se ha marchado ni, incluso, que fue presidente del gobierno durante ocho años.

Rajoy ha sido más Aznar que nunca y eso, en mi modesta opinión, es una mala noticia para España.

Opinión en Onda Cero

Hay semanas que uno se levanta entre dudas y certezas, sumido en la pulsión siempre viva entre la esperanza y la desesperanza, añorando un debate más sosegado, menos demagógico, más inteligente.

Me sume en la perplejidad que un país situado en estos momentos en unos niveles de crecimiento envidiables, con las mejores cifras de empleo de décadas, se detenga en un exceso de radicalidad tan lejana a la vida cotidiana de esta sociedad moderna, democrática y tranquila.

Más allá de los errores o aciertos del gobierno, la oposición que está desarrollando el PP desde el inicio de la legislatura ha generalizado un escenario de lucha sin cuartel. No hay el más mínimo espacio de oxígeno para el consenso en ningún estadio ni siquiera en aquellas cuestiones de estado que merecerían más de una pensada antes de lanzarse a la lucha final. Si la supuesta ruptura de la familia llevó a los obispos a la calles del brazo de la derecha política, la cuestión territorial entorno al estatuto catalán y el desencuentro antiterrorista han elevado la temperatura de la crispación mucho más allá de lo razonable.

El azuzamiento de las bajas pasiones anticatalanistas encuentra, sin duda, grandes adhesiones en regiones determinadas y también respuestas en sectores nacionalistas catalanes. Las políticas del segundo mandato de Aznar y la estrategia del partido de Rajoy hoy, están llevando en andas al independentismo catalán. Nadie nunca les dio tanta notoriedad, nadie les propinó más argumentos. Algún día, más pronto que tarde, algún nuevo dirigente de los conservadores dará cuenta del grave error que significa despertar los viejos demonios y satanizar urbi et orbe a los discrepantes del pensamiento único.

Pero la gota que ha colmado el vaso, han sido las insidias sobre la actitud del presidente del gobierno en la superación del fenómeno terrorista.

Estos días pasados recordaba la vigencia del discurso opositor de Aznar en los años 90 cuando le espetó sin desdibujar su eterno gris rictus, al entonces ministro Corcuera que no había ningún tema de excepción en la labor opositora. “Cuando digo que todo es objeto de oposición, digo todo”. Suenan tan actuales las palabras de Aznar que nadie diría que se ha marchado ni, incluso, que fue presidente del gobierno durante ocho años.

Rajoy ha sido más Aznar que nunca y eso, en mi modesta opinión, es una mala noticia para España.

LA UJI, LA GRAN PROPOSTA MODERNITZADORA DE CASTELLÓ

Quinze anys desprès moltes de les incerteses i, fins i tot les previsions més optimistes han estat superades per la realitat d’un projecte universitari potent a Castelló. La Universitat Jaume I durant aquest temps ha passat de ser una il·lusió colectiva a esdevindre una institució consolidada on els seus problemas no sòn altres que els compartits amb el sistema universitari.

L’éxit de la Jaume I resisteix qualsevol anàlisi científic. Nombre d’estudiants, desenvolupament de les especialitats, qualitat dels estudis i infraestructures modernes al servei d’una societat que ha cregut en la seua universitat.

Quan alguns observem atònits l’anunci d’una nova universitat per part del govern valencià amb seu a Castelló, val la pena recordar l’esperit de consens que va envoltar el naiximent de la universitat de Castelló. Diàleg institucional i compromís social crearen un entorn del tot favorable a la inicitiva del Consell en aquell moment històric on moltes persones colze a colze van contribuir decisivament posant per damunt una visió general a miops visions partidàries.

La política es va reivindicar en la millor cara amb l’aprovació unànim a les Corts Valencianes de la llei de creació impulsada pel govern de Joan Lerma que desprès va trobar en el seu desenvolupament adequat per part dels universitaris, la legitimació definitiva.

Els distints rectors i els seus equips han tingut una especial cura d’acostar la institució a la ciutat i a les comarques castellonenques amb un procès de descentralització i presència que a ben segur continuará i s’intensificará en el futur. Eixe és un tret molt especial d’una universitat jove que ha madurat molt rapidament i que ha sabut interpretar el paper que li correspòn en una societat que necesitava prioritzar la formació i la recerca com l’aposta modernitzadora. Massa vegades hem constatat una excesiva ralentització d’allò públic entre nosaltres. Meninfotisme en un espai d’esforç i treball individual amb la desconfiança heredada del franquisme que respresentà un estat del que només calia esperar represió i mai no recolzament a la iniciativa social o, fins i tot, la privada, han estat arguments sovint presents.

La UJI ha estat el referent de la consolidació democràtica a Castelló. És cert que sòn moltes les infraestructures i transformacions des de 1979 cap, però, tan simbòlica i tan orientada al nou segle amb les seues ambicions i necessitats. Una etapa obrint portes i cercant nous horitzons que ara, instalats en la societat del coneiximent, veem com la frontera que hem d’alcançar. El capital humà ben format garantirá la competitivitat i la millora de la productivitat que, és, sense dubte, el repte de la nostra economia quan altres aventatges del passat han esdevingut ara factors de competència favorables altres indrets menys desenvolupats.

Tanmateix, consolidada la UJI, el futur no serà l’autocomplaença. Els reptes de les universitats sòn múltiples, la competencia extraordinària, l’adequació al nou paper del postgrau, la nova llei i el finançament, com sempre prova irrefutable de qualsevol teoria.

No será fácil. Confiem en la comunitat universitària i en la seua indestriable comunió amb la societat per aconseguir la segona consolidació de la UJI. Ara bé, la Generalitat que fou el motor de la creació de la UJI no pot situar-se com un fre o, encara pitjor, com un entrebanc. Torna a ser hora de resposabilitat i, si es vol de patrotisme, perquè la universitat de Castelló des de l’autonomia que li garanteix la Constitució puga desenvolupar-se i jugar el paper que li correspon en un mòn on la formació de les persones és l’unica garantia del benestar i del sistema de valors que hem decidit compartir.

TOTS ELS COLORS DEL ROIG

A Manolo Safont, una ànima lliure.

Quan Manolo s’en va enmig del fred de novembre, constatem la pèrdua de l’artista, de l’home sempre compromés, de l’amic. I sentim que augmenta la sol·litud.

Manolo Safont ha estat l’intérpret de la terra i els colors, dels fangs i el forn, de la vida viscuda. Manolo no ha passat per aquest mòn com un fet biológic ordenat. Ha buscat i ha trobat, Ha preguntat, s’ha preguntat i ha continuat dubtant perquè no ha entés l’univers inmens com un habitacle de respostes tancades. De la història ha aprés el respecte pel treball dels vells ceramistes que obriren el camí d’un art amb arrels sense especulacions ni banalitats. Anys de treball per guardar en improvisats magatzems la memòria quan la creuada per acabar amb allò antic semblava una bogeria sense fi. La combinació entre innovació creativa i aprenentage del passat no han estat dos branques en l’activitat de Safont, ans al contrari, es tractava d’un mateix discurs que partia de l’admiració i coneiximent de totes les técniques per contribuir humilment – com sempre Manolo- a noves fites.

Ha estat la seua manera d’estimar el país, de reivindicar la nostra cultura, de situar on li pertoca el valencià, de no perdre la identitat en temps de foscor i silenci. I això convé recordar-ho en aquests dies d’aniversari del final de la dictadura que Manolo va combatre amb la força de la cultura.

Quan sonen intenses les campanades de la equidistància i molts proclamen l’aura d’una postmodernitat que aïlla l’artista del seu mòn i les seues misèries, que no entèn de desigualtats, que no comprèn injustícies, emergeix la personalitat de Manolo que mai no assenyalà cap frontera alhora de separar l’art del compromís.

La consistència del seu treball creatiu será valorat en el pas dels dies com sol passar quan l’autor no s’adorna de l’esclat comercial del moment ni vol fugir cap altres escenaris menys periférics. És ben cert que Manolo és Onda i per això, ara ompli de satisfacció la decissió del govern local posant el nom de Manolo Safont a un museu extraordinari.

El seu paissatge humà fou fruit d’una el·lecció de vida on els diners i la glòria mai no formaren part de l’agenda. Observava atent l’espectacle des d’una casa epicentre de nous horitzons, entre el caliu i l’estima, mentre cercava noves fórmules i ingeniosos jocs de colors renyint amb el forn i les seues circumstàncies. Allí a casa - emboscat en el jersei roig i la pedra penjada – i amb Anna ha modelat el seu univers roig d’ingenuitat i complicitat.

Els que avui ens sentim un poc més sols, un poc més trists que sempre, tenim la sort de la permanència de l’artista en la seua obra i en el mural de records que ens acompanyará en el nostre viatge.

El baile de los malditos o de transfuguismo y golferías

De transfuguismo y otras enfermedades de la democracia.

De transfuguismo y otras golferías.

De entre las enfermedades de la democracia, el transfugismo es, sin duda, una de las pandemias más dañinas. No sé si en la jerarquía de la maldad será la peor pero los efectos de su acción destructora acaba por prostituir la propia esencia democrática derivada de la voluntad popular.

El último episodio de estas características, ocurrido en el parlamento valenciano, ha desatado un ataque de nervios en la mayoría absoluta gobernante que no parece compadecerse con las profecías demoscópicas del presidente conservador y la hipocresía ha emergido con una cotundencia más común de los diplomáticamente deseable.

No parece inadecuado que mientras el sistema electoral esté basado en las listas cerradas y bloqueadas por los partidos se apueste por dar seguridad a los electores en su definición de voto para que nadie utilice el nombre del votante en vano y, por tanto, no se formule la aparición de grupos sobrevenidos como si la denominación de origen apareciera imperceptible. Los portavoces populares se desgañitan diciendo que no se puede primar la deserción y tienen razón. Sin embargo, su argumentario troncalmente correcto y trufado de descalificaciones personales a su traidor, choca frontalmente con la reciente memoria histórica y –sobretodo- con la practica cotidiana del PP.

¿Con qué ojos debemos observar los lamentos y crujir de dientes de aquellos que en el ámbito parlamentario anteayer callaron cuando no animaron semejantes comportamientos?. La actitud de socializar las pérdida de un diputado intentando imputar a todos los grupos o a la propia cámara las cuentas forma parte de esa manera tan peculiar de entender la democracia parlamentaria que tienen los dirigentes populares. Lo que valía para el disidente de un grupo progresista, ahora no sirve para la misma situación en la bancada mayoritaria. Ésa es la vara de medir de este gobierno para todo.Y digo gobierno muy a mi pesar porque el máximo órgano de la cámara ha actuado simple y llanamente al dictado hasta en el no menor detalle de la ubicación del denostado diputado hoy por quienes le auparon.

9 d'octubre

Fa ara dos anys, els socialistes vam presentar a El Puig un document que ha inspirat els aspectes més substancials del Projecte d'Estatut que ara s'està tramitant a les Corts Generals.

Un document en què marcàvem la nostra ferma posició en la defensa dels drets dels ciutadans. Dos anys després de nombroses negociacions i d’un clar eixemple de responsabilitat per parts dels socialistes, ha començat el comte arrere per a que pugam gaudir del nou texte.

Un Estatut que garantix entre altres molts drets, una administració Pública equitativa, ràpida amb servicis púbics de qualitat; una administració de justícia ràpida; el dret a adreçar-se a l'administració en valencià; el compromís de les Corts d'elaborar una Carta de Drets Socials de la CV; la defensa integral de la família; d'altres situacions d'unió legalitzada; la igualtat d´oportunitats, per que homes i dones participen plenament en la vida laboral, social, familiar i política sense discriminacions de cap tipus; la protecció i defensa dels interessos del Poble Valencià : diversitat cultural, patrimoni històric, creativitat artística, científica i tècnica.

Però, més enllà de l'avanç que suposa per a la nostra Comunitat un nou Estatut, este 9 d'octubre es un bon moment per a reivindicar el paper dels municipis, com l'administració més pròxima al ciutadà, per a garantir el complet desenvolupament del País Valencià. És necessària la coordinació entre les administracions per a fer possible que tots els avanços de l'Estatut puguen ser perfectament perceptibles pel ciutadà.

No es podrà gaudir d'una millora dels drets i de les prestacions socials si no es compta amb els ajuntaments.